domingo, 19 de mayo de 2013

Escri...

Me gusta escribir. Corrección: me encanta escribir.  Siento que lo llevo en la sangre.  Es algo que nace desde el fondo de mi corazón y me ataca en los momentos menos esperados.  

Hoy pensaba, mientras estaba en el baño con mi café y mi pucho: ¿por qué tengo que escribir cuando estoy deprimida?  Si tengo el talento, supuestamente y según algunos, debo escribir sin importar si me inspiro en la pena o depresión, o si me inspiro en un buen día.

Tengo mucho por contar de mí, pero me cierro mucho.  Me cuesta abrirme... liberarme o desahogarme.  Hace mucho tiempo que no lo hago.  Hace unas semanas comencé un taller de introducción a la actuación en el TUC y me di cuenta de muchísimas cosas.  Una de ellas es que me he cerrado al mundo de tal manera que no logro conectarme con la gente que me rodea.  Me siento intimidada y hasta asustada.  Me resulta poco más que aterrador sentirme expuesta y hasta el intentar conectarme con alguna persona me siento invadida.

Al mismo tiempo jamás me sentí más liberada al correr descalza por todo el salón jugando a las chapadas, chapadas chicle, encantados y jugando en el espacio, creando danzas y sintiendo mi cuerpo.  Pero llegó el momento de exponerme y hacer... y expresarme frente a todos y me paralicé.  Me asusté y solo me fui a un rincón, evité llorar y aguanté hasta salir del aula.  

¿Por qué tengo tanto miedo a exponerme?  ¿Por qué tengo tanto miedo a conectarme con las personas?  Puedo liberarme frente a un teclado, un cuaderno o un libro, pero nada más. Resulta hasta frustrante.  Tengo tanto por decir y no puedo...

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